Bitcoin, el dinero deflacionario

La inflación vuelve a ser noticia, pero la sociedad no parece reaccionar al impuesto silencioso que merma sustancialmente nuestro poder adquisitivo y nuestras expectativas de futuro.

Nos han inculcado que la inflación es buena y la deflación es mala. Nos han enseñado que la inflación es el aumento de los precios de los bienes de consumo, cuando en realidad es una media del aumento de la masa monetaria. Neolengua de políticos. Nos hemos acostumbrado a votar pensando en datos macroeconómicos cuando deberíamos votar pensando en datos microeconómicos. La macroeconomía beneficia a los gobiernos. La microeconomía beneficia a las personas. Cuando algo beneficia a una persona toda la sociedad se beneficia por ello. Cuando algo beneficia al gobierno solo el gobierno sale beneficiado. 

La inflación no es buena porque deteriora nuestro poder adquisitivo, menoscaba nuestra riqueza, destroza nuestra independencia financiera y nuestra soberanía personal. La deflación es buena porque permite a más personas acceder a los productos que ofrecen los comerciantes. Cuando los precios de los productos bajan, los comerciantes tienen que volverse más competitivos para poder vender más productos. La deflación genera innovación. La innovación produce deflación. La tecnología produce deflación. 

Cuando se inventó la agricultura los precios de los alimentos bajaron, pero la sociedad en lugar de colapsar dio un salto exponencial en su evolución. La revolución industrial produjo una gran ola de innovación, lo cual propició grandes avances en materia de sanidad, ciencia, educación, cultura, ingeniería, que han beneficiado a las personas provocando la bajada de los precios de multitud de productos y servicios. La informática produjo deflación, la ley de Moore es un buen reflejo de ello. Los microprocesadores reducen su precio a la mitad cada 18 meses, duplicando a su vez su capacidad de cómputo. Internet produjo deflación, abaratando sustancialmente el coste de las comunicaciones, del acceso al conocimiento y a los contenidos, además de reducir sustancialmente el coste que supone para las empresas promocionarse, de forma que ahora pueden hacerlo casi gratuitamente.

La inflación como medida del aumento de la masa monetaria es algo muy negativo para las personas, porque cuanto más dinero hay en circulación menos valor tiene nuestro dinero y podemos comprar menos cosas con él. Los políticos y la mayoría de los economistas piensan que la inflación es buena porque les permiten controlar la economía. Cuando hay una crisis inyectan cantidades ingentes de dinero en la economía y bajan los tipos de interés para que la gente se endeude y consuma. 

¿Desde cuándo es bueno endeudarse para consumir? endeudarse puede ser bueno para invertir, pero nunca para gastar. Los gobiernos llevan desde 2008 inundando el mundo de su dinero, pero algo se ha roto desde entonces, la gente ya no se endeuda para gastar. Muchos porque no se lo pueden permitir por las medidas que se han impuesto a los bancos para la concesión de préstamos. Otros tantos porque no quieren gastar más, porque ya tienen lo que necesitan y lo que quieren es invertir para ser aún más ricos. Si te preguntas por qué los ricos son cada vez más ricos y por qué sigue habiendo aún muchos pobres, aquí tienes una respuesta.

A los ricos les resulta tremendamente sencillo acceder al crédito y lo aprovechan para invertir en activos que pueden reportarles importantes beneficios. Desde 2007 con el comienzo de la crisis financiera y la quiebra de Lehman Brothers el índice Standard & Poor's 500, que recoge el valor de las 500 empresas más importantes de Estados Unidos, ha duplicado prácticamente su valor. ¿Adivinas por qué? Los gobiernos imprimen dinero para fomentar la economía, pero ese dinero en lugar de fomentar el consumo por parte de los que más gastan va destinado a la inversión por parte de los que más ahorran. 

La inflación mantiene a flote a las empresas poco innovadoras, que gozan de fácil acceso al crédito y de importantes subvenciones estatales, porque en muchos casos provienen de antiguas empresas públicas. La deflación facilita el acceso al mercado a las nuevas empresas innovadoras, con costes más bajos para crear productos y para darse a conocer en el mercado. Internet ha puesto al frente de la economía mundial a este nuevo tipo de empresas y ahora Bitcoin puede lograr que una parte importante de toda esa riqueza generada por la economía digital llegue a la gente.

Bitcoin es un dinero deflacionario y eso es bueno. La masa monetaria de Bitcoin no se puede aumentar porque está limitada por diseño a 21 millones de monedas. Nadie va a poder cambiar esto. Todo el mundo conoce las normas, están escritas en el software que han aceptado usar de manera voluntaria millones de personas y el cual contribuyen a mejorar miles de personas aportando sus conocimientos técnicos, aportando energía para hacer la red más segura y corriendo nodos para hacer la red más descentralizada.

Bitcoin es un buen dinero porque está basado en el consenso. En el consenso de la comunidad que considera que es bueno que exista una masa monetaria limitada. En el consenso que se genera cuando los nodos verifican las transacciones que se escriben en la cadena de bloques. En el consenso de que Internet merece un dinero digital y de que la gente merece un dinero que no pierda su valor con el paso del tiempo, un dinero que sea un reflejo fiel del valor que tiene su trabajo y que este valor pueda ser además transferido de manera rápida, sencilla y económica cuando la persona quiera.

Bitcoin es el dinero de la innovación. Bitcoin está provocando la mayor ola de innovación en el sector financiero desde la invención de los bancos. Cuando hablamos de criptoeconomía, de criptomonedas, de internet del valor, de web 3.0, estamos representando todo el valor a nivel de innovación que ha generado Bitcoin. Por lo tanto, Bitcoin como dinero deflacionario es la mejor representación de que la deflación es algo bueno, algo que nos puede beneficiar a todos. Bueno a todos no, está claro que a los intermediarios ineficientes que han vivido a costa del sistema, esto no les beneficia. Tampoco a los políticos que piensan que pueden controlar la economía y que correspondientemente tienen a su disposición una máquina para comprar votos.

Las tecnologías digitales provocan deflación. Al ritmo que los bancos centrales han estado imprimiendo dinero en los últimos años si no hubiera sido por la tecnología ahora tendríamos tasas de inflación del doble o el triple de las que suponen como ideales los políticos y economistas keynesianos. Las tecnologías digitales son deflacionarias porque están basadas en ciclos continuos de innovación que han permitido cosas como tener toda la música del mundo a nuestra disposición por 10 euros al mes, cuando hace tan solo 10 años para escuchar un disco de música con 10 canciones teníamos que pagar 20 euros. Esto lo tenemos gracias a que alguien inventó el protocolo BitTorrent que hizo caer el monopolio que las discográficas tenían en el sector de la música, igual que con el tiempo Bitcoin hará caer el monopolio que los gobiernos tienen sobre el dinero.

¿De qué forma podría ser malo que Bitcoin sea deflacionario? ¿Por qué el hecho de que tengamos solo 21 millones de bitcoins puede ser malo? Cada bitcoin puede dividirse en 100 millones de partes más pequeñas llamadas satoshis. Con el tiempo, a medida que el valor de bitcoin vaya en aumento, nos acostumbraremos a ver el precio en satoshis en lugar de en bitcoins, pero siempre sabremos que solo existen 21 millones de bitcoins y que por lo tanto en un mundo en el que bitcoin es usado como dinero no habrá inflación. Un mundo en el que la gente usa bitcoin como dinero es aquél en el que sabes que tu dinero no va a perder valor con el paso del tiempo, que el valor de tu trabajo se va a ver reflejado a través de un dinero sólido que nadie puede controlar. ¿De qué forma puede ser esto algo malo?

Nos hicieron pensar que los medios de comunicación nos informaban de lo ocurría en el mundo cuando la realidad era que el sistema político y económico los utilizaban para contarnos lo que que a ellos les interesaba. Internet acabó con esto al derribar todas las barreras que teníamos las personas para acceder a la información y al conocimiento. Bitcoin hará lo propio con el control que los gobiernos han ejercido sobre el dinero. Un control basado en unas premisas erróneas, como la idea de que la economía se puede controlar imprimiendo dinero y bajando los tipos de interés.

Llegará un día en el que algunos políticos se darán cuenta de este error, un día en el que el dinero dejará de ser una herramienta al servicio de la política y pasará a ser una herramienta al servicio de los ciudadanos. Entonces los medios de comunicación podrán dejar de dedicar su valioso tiempo a hablar de lo buena que es inflación y con el tiempo nos acabaremos olvidando de esa nefasta palabra que solo refleja un error de interpretación de la realidad, como cuando pensábamos que la Tierra era plana y que el Sol giraba alrededor de la Tierra.

Conclusión

Hoy tenemos ante nosotros una de las mejores oportunidades de la historia para cambiar la realidad política, económica y social. Creo que debe haber poca gente en el mundo satisfecha con el devenir que ha tomado la política en las últimas décadas. Un modelo oligárquico que perpetúa en el poder una clase de políticos que priorizan el sistema sobre las personas. Donde las personas cada vez estamos más controladas y fiscalizadas por los gobiernos con la excusa de mantener nuestra seguridad y el estado de bienestar.

Con la creación de Bitcoin ha surgido una nueva forma de ejercer nuestros derechos ciudadanos en el marco de la democracia. Ahora además de votar cada cuatro años en las elecciones tenemos la oportunidad de votar cada día con nuestro dinero para decir a los políticos que no estamos de acuerdo con la forma en la que gestionan la economía y el servicio que nos prestan a los ciudadanos. 

Del mismo modo que una persona puede decidir cambiar de país porque no le gusta cómo le trata su gobierno, por ejemplo fiscalmente hablando, ahora también podemos cambiar de dinero, porque no nos gusta la forma en la que lo gestiona el gobierno. Una forma que es claramente perjudicial para nosotros porque no nos permite usar el dinero como reserva del valor generado con nuestro trabajo y correspondientemente nos pone muy difícil construir un patrimonio personal para el futuro.